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Juan Antonio Pizzi, con el Barça / FOTO: ARCHIVO FCB

El sábado el Camp Nou volverá a ver de cerca a Juan Antonio Pizzi, un delantero que se hizo querer a finales de los años noventa. Fichó por el Barça en 1996 procedente del Tenerife. Él acababa de ser el Pichichi de la Liga y de disputar la Eurocopa (se había nacionalizado español en el 94). El Club había cerrado la era Cruyff y confiaba el banquillo a Bobby Robson. Y la delantera a un fenómeno llamado Ronaldo.

El técnico inglés jugaba con un único delantero centro y Pizzi asumiría el papel de revulsivo. Un rol que desarrollaría a la perfección. El hispano-argentino era un gran rematador y un jugador experimentado -llegó con 28 años- y comprometido. En su primer curso en el Barça, sólo en Liga, firmó hasta 8 goles entrando desde el banquillo.

De todas formas, Juan Antonio Pizzi se reservaría un sitio en la memoria futbolística barcelonista en una noche de Copa. Era el 12 de marzo de 1997, en una vuelta de los cuartos de final contra el Atlético de Madrid. Tras el 2-2 de la ida en el Calderón, los colchoneros se adelantaron por 0-3 y 2-4 en el Camp Nou. En medio de la locura más absoluta, se llegó al minuto 82 con empate a cuatro.

Entonces, el milagro. Abelardo remató con la cabeza un centro desde la derecha, el portero Molina realizó una parada felina y el rechace cayó a los pies de un oportunista Pizzi, que empalmó el balón al fondo de la red. El locutor Joaquim Maria Puyal lo inmortalizaría repitiendo una y otra vez: "¡Pizzi, sos macanudo". Aquella Copa terminaría en las vitrinas del Museo. El hispano-argentino volvería a ser clave en una final en el Bernabéu sin Ronaldo, en la que marcó el gol que daría paso a la prórroga.

En la temporada siguiente, con Louis van Gaal, la participación de Pizzi mermaría. La apuesta del Club para suplir la marcha de Ronaldo fue Sony Anderson. De los 33 partidos de Liga que Pizzi había disputado el año anterior, pasó a jugar 15 (sólo 3 de titular). Eso sí, completaría su palmarés con un doblete (Liga y Copa). A pesar de las pocas oportunidades que dispuso, siempre habló muy bien de Van Gaal: "Tácticamente es uno de los entrenadores más capaces, me enseñó mucho".

En 1998 dejaría la disciplina azulgrana y, hasta 2002, jugaría en River Plate, Rosario Central, el Oporto y el Villarreal. Tres años más tarde iniciaría una etapa como técnico que le llevaría a Perú, Chile y Argentina. Su éxito más grande es el Torneo Inicial, que conquistó hace unos meses con San Lorenzo de Almagro y que le abrió las puertas, de nuevo, de la Liga española como entrenador del Valencia.

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