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La celebración del equipo con la Copa / MIGUEL RUIZ-FCB

Como en Mestalla en 2009 y en Madrid en 2012, la final de la Copa del Rey entre el Athletic Club y el Barça se ha decantado hacia el lado culé. Esta vez, por 1-3 en un Camp Nou de gala, más teñido de rojiblanco que de azulgrana. En casa, el equipo mostraría de nuevo el sensacional estado de forma con que se ha plantado a la conclusión de la temporada. Una animalada de Messi y una obra de arte coral encarrilaron el triunfo antes del descanso. Otro zarpazo del '10' en la segunda parte hacía que la 27a Copa, imprescindible para el triplete, se quedara en el Camp Nou.

Le había jugado de dos maneras opuestas el Athletic Club al Barça en el presente curso. Para la final, Ernesto Valverde optó por la versión ambiciosa, presionando la salida de balón de los culés e intentando aprovechar la velocidad que tenía delante. La tensión inicial era máxima. Los locales la miraban de apaciguar a base de posesión. Y a partir del minuto 10, también por medio de las oportunidades.

Así, a Neymar le anulaban un gol por fuera de juego y luego el portero Herrerín salvaba ante Suárez. La maquinaria azulgrana ya se había activado, en un duelo intenso y emocionante por las vibraciones que transmitían las hermanadas aficiones. El dominio de la medular se vislumbraba fundamental. Y allí, se multiplicaban Busquets, Iniesta y Rakitic. Contaban con el apoyo de un genial Messi, perseguido siempre por Balenziaga, que bajaba a recibir.

Siempre Messi. El extraterrestre vestido de azulgrana inauguró el marcador con otro gol memorable para su cuenta (min 20). Desde la derecha, se ha rifado hasta cuatro defensores y superaba Herrerín con un disparo por el palo corto. Bestial. La euforia se apoderaba ya del bando culé, a los pies del mejor futbolista de la historia. Mientras tanto, el Barça sobresalía. Amenazaba una y otra vez, asfixiando al Athletic Club en su terreno. Era una avalancha de fútbol imparable.

El segundo se intuía desde hacía rato y llegaría en el minuto 36, tras una maravillosa acción colectiva culminada a placer por Neymar, asistido por un infatigable Suárez. Con 0-2 y un disparo de Williams y otro de Messi rozando el larguero vendría el descanso. En la reanudación, el Athletic Club aparecía con orgullo y Luis Enrique reaccionaba introduciendo un punto de pausa y control a través de Xavi, que disputaría sus últimos minutos en el Camp Nou.

Estos serían una fiesta barcelonista. El equipo gestionaba el botín obtenido y empezaba a pensar en la final de la Liga de Campeones. El ritmo había disminuido y las fuerzas estaban menos desequilibradas. Eso sí, los únicos que manifestaban sensación de peligro seguían siendo los catalanes. Los vascos, con la defensa más adelantada y sin tirar la toalla, se presentaban inofensivos. Su verdugo, claro, ha sido Messi. En el minuto 73, remataba al fondo de la red un centro de Alves.

El 3-0 reflejaba la superioridad exhibida por el Barça durante todo el partido. Un cabezazo de Williams en las postrimerías reducía distancias en el marcador y calentaba la final, pero la historia ya estaba escrita. A gritos de '¡Campeones! ¡Campeones! ', el Barça ganaba el sexto doblete con Liga y Copa. Y queda Berlín.

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