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Andrés Iniesta y su padre en la Ciutat Esportiva Joan Gamper | MIGUEL RUIZ - FCB

Aquel niño de 12 años con cara de bonachón, de ojos verdes y mirada tierna, unos ojos que la primera noche que durmió en la Masia se quedaron pequeños y rojos de tanto llorar, es hoy en día, con 33 años, un hombre respetado y querido, un futbolista reconocido y admirado, pero sobre todo un padre de familia numerosa enamorado de su mujer y orgulloso de sus niños, un hijo y hermano agradecido y responsable, un yerno perfecto. Todo esto y más es Andrés Iniesta, de Fuentealbilla, catalán de adopción y culé de corazón.

Quizás porque la familia es el que no tuvo cerca durante muchos años, Andrés adora los suyos, tiene devoción por su padre, y por eso era tan importante para él firmar su contrato vitalicio con el Barça el día que José Antonio Iniesta cumplía 57 años, el 6 de octubre. Era su mejor regalo para el hombre que le llevó el 16 de septiembre de 1996 en el coche familiar, un Ford Orion azul oscuro, de Fuentealbilla a Barcelona, ​​con el corazón encogido y la esperanza de que el chico aprovechara ese tren que seguramente sólo pasaría una vez en la vida.

La familia Iniesta al completo celebró la renovación para siempre de Andrés y el aniversario José Antonio en una comida en casa de los padres. Fue un día especial, con mensajes y llamadas de felicitación. El día antes también fue un día importante para Andrés y su esposa, Ana Ortiz, la madre de sus hijos -Valeria, Paulo Andrea y Siena-, porque había hecho diez años que se habían conocido. "A veces se dan circunstancias que hacen que las fechas tengan aún más valor, por eso era un día muy especial para todos", explica Andrés.

Los Iniesta viven momentos de alegría, de orgullo y felicidad. La renovación de por vida con el Barça cierra la incertidumbre por el futuro profesional del capitán azulgrana, que acababa contrato el próximo 30 de junio. Ahora la familia ya sabe que el chico no se irá lejos, que continuará en su casa, cerca de los suyos y que todo el sacrificio hecho durante 21 años ha tenido la recompensa soñada. Andrés ha sentido que el Club de su vida la ha correspondido con lo que él más quería: confianza absoluta en sus valores como persona, los mismos que ha recibido de sus padres y también de su otra familia, la Masia. Los mismos valores que la han convertido en un referente en el fútbol mundial, más allá de su talento como futbolista.

Andrés valora que la renovación para siempre que ha firmado con el Barça reconoce "muchos momentos, muchas cosas, muchas situaciones" y, según él, "es una muestra de confianza del Club hacia mí como jugador y como persona". "Para hacer este tipo de contrato -continúa- han tenido que confiar en la honestidad que pueda tener para decir basta en un momento determinado, y eso no es fácil. De hecho, creo que no ha sucedido en ningún lugar, por eso lo quiero disfrutar al máximo, y luego ya se verá, ojalá sea mucho tiempo... ".

Felicidad e ilusión

Estos días, Andrés pronuncia dos palabras que han recuperado un sentido diferente: felicidad e ilusión. La felicidad que anhela para él y su familia, lo que da sentido a la vida, disfrutar de los momentos, sentirse bien consigo mismo. La felicidad que en momentos determinados no sintió, sobre todo en 2008 y 2010, en el que vivió un Dragon Khan de emociones contrastadas, las lesiones, la muerte de su amigo Dani Jarque..., la inseguridad, el vacío, y luego el revolcón del Mundial y el gol heroico de la final..., el cielo.

Y la ilusión que guía su presente profesional y su futuro, que no tiene fecha de caducidad marcada en un contrato, que está más ligado a sensaciones, a sentir que aún puede aportar cosas, que sigue siendo un jugador capaz de jugar en un equipo como el Barça no porque lo dice una fecha de nacimiento, sino por su rendimiento en el campo. Por eso Andrés habla de ilusión, ilusión por cuidarse, para disfrutar de cada entrenamiento, de cada partido, de cada minuto en el campo sabiendo que el reloj no se detiene pero que él es capaz de dominar su tiempo. "La ilusión al final te sale de dentro..., ilusión por lo que haces, lo que piensas, lo que quieres hacer, y esto es lo más importante. Hacer las cosas sin ilusión no tiene mucho sentido. Esto a medida que pasa el tiempo aún tiene más valor y le das más importancia", reconoce Iniesta hijo.

Estos días Andrés y su padre han hecho una visión retrospectiva al pasado. Una mirada 21 años atrás, en el momento en que todo comenzó. Aquel viaje que hizo hasta Barcelona, ​​con José Antonio y Mari y su abuelo materno, Andrés, y que marcó el camino que no tiene un final escrito. Esta visión, que ayuda a valorar mucho más el presente, ha sido inevitable, es un hecho colateral a la renovación. Y aceptaron la propuesta de la REVISTA BARÇA de hacerlo juntos, ante un café, sin mirar el reloj. Todo un lujo.

José Antonio Iniesta es un protagonista principal en la historia que ha ligado Andrés con el Barça desde aquel lejano 1996. Él era un apasionado del fútbol y tenía un hijo de 12 años que jugaba como los ángeles y una hija dos años más pequeña, Maribel. Un hijo que no podía decirse de otra manera que Andrés, como sus dos abuelos, y por lo tanto no hubo ningún debate en casa. José Antonio trabajaba como albañil en la construcción y su mujer, Mari, en el bar de la familia Luján en Fuentealbilla.

Cuando el chico jugaba en el Albacete, ahorró durante tres meses para regalarle unas Adidas Predator. "Eran negras, con unas estrías en frente, aún las guardo en la casa del pueblo", comenta Andrés. "Eran las que llevaba Koeman, que decía que le daban efecto a la pelota, estaban de moda, ¡sí que eran caras las zapatillas entonces!", Recuerda el padre, un loco del fútbol. Cualquier sacrificio valía la pena. ¿Cualquier?

Conversaciones en el coche

Tres veces a la semana ambos hacían juntos 86 kilómetros entre la ida y la vuelta desde Fuentealbilla hasta Albacete para ir a los entrenamientos y al partido. "Fueron muchos viajes echaos", sonríe José Antonio. Muchas conversaciones en la intimidad del coche familiar, mucha complicidad, aunque el padre es quien más hablaba.

José Antonio es más extrovertido que su hijo, que en este aspecto se parece más a la madre, más reservado y contenido. "Aunque el padre y la madre son diferentes creo que a la vez tienen muchas cosas en común, no sé si porque hace mucho tiempo que están juntos. Todos somos muy sentidos, mi padre tal vez tiene una manera de expresarse diferente de mi madre, que calla más, pero a la vez ambos son muy sentidos, mucho corazón, y creo que tanto mi hermana como yo somos parecidos en eso", reconoce Andrés.

"Mis padres son muy sentidos, mucho corazón, y tanto mi hermana como yo en eso somos parecidos"

El rostro de José Antonio hace un gesto contenido cuando recuerda aquellos momentos que marcaron el destino de Andrés Iniesta, el momento de la gran decisión, cuando sólo tenía 12 años y pasó el tren. Subir o no, esa fue la cuestión. "Han pasado 21 años y no es algo que piensas cada día, pero sí a veces, cuando estoy solo..., sí piensas que fueron momentos muy complicados porque era muy pequeño, porque era el pueblo y estábamos siempre juntos, porque yo allí lo tenía cerca cada día, lo llevaba al entrenamiento, los domingos le veía jugar, cuando se toma este paso de venir empiezas a pensar que esto se acaba y que ya no lo disfrutarás. Lo que pasa es que siempre hay una compensación. Era el fútbol.., si hubiera sido otra cosa no habría movido ni el esparto, pero el fútbol era mi pasión desde siempre. Cambié estar con él para que creciera, que tuviera más competitividad, para que consiguiera lo que quería y eso debía estar aquí, en el Barça. Cambié disfrutar de él a sufrir por él porque no lo podía tener. Lo que me sacó la pena que podía tener es pensar que aquí era el mejor lugar para progresar".

Mientras José Antonio habla, Andrés le observa con admiración, seguramente pensando que su padre fue muy valiente y que quizás si él tuviera que tomar esa decisión con sus hijos seguramente no podría. También su madre, que siempre pensó más en él que en sí misma. "Ella sufrió más que yo, porque yo lo compensaba con el fútbol, ​​pero su madre era madre, y lo veía como madre. Ella nunca tuvo un no en nada de esto, y podría haberlo hecho, podría haber dicho que mi hijo no se va, que yo quiero tener aquí, pero aquí estuvo ella siempre apoyándome. Todas las decisiones que tomé se hicieron porque tuve una mujer a mi lado, y él una madre, que nos apoyó siempre. Pero yo no lo obligué nunca a venir".

Aquella frase de su padre "el tren sólo pasa una vez" se le metió muy dentro. Al final, la decisión la tenía que tomar el mismo Andrés, con 12 años, y lo hizo con la seguridad y la determinación de alguien que era mucho más maduro y responsable de lo que le tocaba por edad. "Si hubiera tenido una mentalidad de decir no voy, aunque me hubieran obligado, habría durado dos días aquí. Después de hablar mucho con él, sabía que lo que me pudiera decir mi padre era el mejor para mí. Esto siempre lo he tenido claro. Incluso con 12 años".

Un niño con 21 años más 

Con la perspectiva del tiempo, José Antonio está convencido de que el éxito, la fama y la gloria no han cambiado nada la esencia de aquel Andrés Iniesta que se subió al coche azul oscuro. "Mi hijo es un niño como aquel que vino a Barcelona, pero con 21 años más. Estoy muy orgulloso de como es. Este es el trofeo más grande que nos quedará en esta vida, que sea como es, como era como criatura, que sea tan familiar y tan buena persona, eso es lo que queda para siempre. En el fútbol lo haces mejor, lo haces regular o no gustas tanto; hay muchos logros, se disfrutan, pero son momentos y eso pasa. Pero lo que no pasará nunca, lo que le quedará toda la vida que tiene por delante, es lo que lleva dentro y lo que ha de dar a la sociedad. Lo que te queda es que tienes un buen hijo".

El mismo Andrés cree que no ha cambiado "ni un 2%" de cómo era de pequeño, que ha evolucionado, claro, pero que la esencia se mantiene intacta. Su padre lo conoce como nadie. "Es igual de respetuoso y sigue siendo igual de hábil. Con 12 años no hablaba mucho pero se quedaba con todo, y ahora aún es reservado, habla lo que toca y cuando toca, y eso es lo que no sabemos hacer otros".

Pero el padre también conoce como nadie las debilidades de su hijo. "Se come mucho la cabeza cuando pierde una final o un partido importante. Todos los jugadores lo deben sufrir, pero a Andrés se le clava dentro, lo pasa muy mal. Le digo que esto es deporte, que sólo uno gana, pero a él eso le pesa más de lo que le debería pesar. Andrés los problemas se los come todos, los suyos y los de los demás. Y eso al final pasa factura. Ha tenido mucha presión desde muy joven, le repercuten los problemas de todo el mundo, y no lo saca por no hacernos sufrir. Hay que sacar todo el veneno que al final el veneno te mata".

"En el Mundial le cambió todo. Le alivió, le dio oxígeno, explotó allí jugando, disfrutando, y luego vino el éxito"

Esto es lo que le pasó entre 2008 y 2010, una época especialmente dura. Muchas lesiones musculares mermaron su confianza. "Con la lesión antes de la final de la Champions de Roma se comió mucho la cabeza y pasó días malos. Después aquel verano pasó lo de Jarque. Él estaba jodido, pero nos daba ánimos a nosotros. El verano siguiente llegó al Mundial y le cambió todo. Le alivió, le dio oxígeno, explotó allí jugando, disfrutando, y luego vino el éxito", recuerda José Antonio mientras Andrés lo mira y analiza antes de tomar la palabra. "Sí, fue liberador para mí. Ya nada fue igual". ¿Si lo lo hizo más fuerte? "Todo este proceso lo analicé con quien tenía que analizarlo y te das cuenta que hay cosas que son importantes, otros que no, intentas encontrar los porqués que te han llevado a este momento ya partir de aquí aprendes a seguir avanzando sin tener que penalizarte. Te hace más fuerte porque te hace ver las cosas de diferente manera".

Han pasado siete años, después llegó al mundo Valeria, perdieron a Andrés antes de nacer, pero la casa se volvió a llenar de alegría con el Paulo Andrea y hace unos meses con la pequeña Siena. Y Andrés continuó acumulando títulos con el Barça, asumió la responsabilidad de la capitanía con la marcha de Xavi y el 6 de octubre escribió una nueva página mágica de su historia azulgrana. Un guión de película en la que no se ha escrito la palabra fin.

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