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Huertas, en una acción durante el tercer partido de las semifinales

Huertas, en una acción durante el tercer partido de las semifinales. FOTO: GERMÁN PARGA - FCB

El mundo del deporte siempre tiene historias que contar, estados de ánimo que pueden cambiar en un segundo y canastas que pueden hacerte caer al infierno o darte la gloria. Marcelinho Huertas es uno de esos jugadores tocados por los Dioses, pero que nunca deja de trabajar.

Tras la dolorosa derrota en el cuarto partido en el Palau Blaugrana, Marcelinho Huertas estaba abatido y triste y se preguntaba por qué el Barça había dejado escapar dos partidos en casa para sentenciar la eliminatoria. Afectado por la derrota, el base brasileño fue el último en irse a casa, el último en dejar el Palau en medio de la rabia y la impotencia y alguna lágrima. Sentía mucho lo que había pasado y sabía que él no había estado a la altura.

Pero la vida siempre da segundas oportunidades y, como este domingo en Valencia, da la gran oportunidad de decidir por uno mismo un partido que era una final. Además, Huertas jugó el partido entero, los 40 minutos, lo que no le perjudicó en ningún momento y menos en el tramo final, cuando a falta de seis segundos el Barça tomó la responsabilidad, se deshizo de sus defensores y se coló dentro de la zona para lanzar contra tablero para dar el triunfo al Barça en el quinto partido. Acabó con 22 puntos, 9 asistencias y 31 de valoración.

En tres días lo que era impotencia era alegría, rabia, ganas de no parar de correr después de una canasta ganadora, que hizo recordar la de 2012 en el Palau en el primer partido de la final contra el Real Madrid. En ambas ocasiones, sus compañeros lo abrazaron, felicitaron y alabar posteriormente. Si Huertas está bien, el Barça también.

Botó Barça - Madrid

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