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Ronaldinho, el día de su presentación en el Camp Nou | MIGUEL RUIZ - FCB

Simpatía, humildad y mucha calidad. Tres hechos diferenciales que definen a Ronaldinho, futbolista brasileño que pasará a la historia por haber vuelto a hacer sonreír al Barça. Y ya han pasado quince años desde el día de su presentación ante la afición azulgrana.

Fue el 21 de julio de 2003, dos días después de que se hiciera oficial un fichaje que levantó una gran expectación. En un acto multitudinario, con el Camp Nou como protagonista, el jugador brasileño, vestido de corto, hizo las delicias de los 25.000 aficionados que se dieron cita en el Estadi con unos cuantos toques de balón llenos de magia.

Ante los medios, Ronaldinho manifestó su deseo de "dar muchas alegrías a la torcida azulgrana" y seguir los pasos de sus compatriotas Rivaldo, Ronaldo y Romario. Además, añadió: "Quiero entrar en la historia de este club".

Y así fue. Porque en aquella presentación Ronaldinho puso la sonrisa en la cara de los culés, pero la afición la mantuvo durante los cinco cursos que el astro brasileño jugó en el Camp Nou. Dejó una huella imborrable, muchas veces en forma de regates elásticos, pasadas inverosímiles, goles ilusionantes (un total de 94 dianas en partidos oficiales) y títulos anhelados (dos Ligas, una Champions, dos Supercopas de España y tres Copas Cataluña). El Gaúcho, además, recibió los galardones individuales de más prestigio internacional durante su etapa barcelonista, el FIFA World Player (2004 y 2005) y el Balón de Oro (2005). Un futbolista único que, a pesar del paso del tiempo, aunque es uno de los ídolos de la afición del Barça.

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