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Rafinha y Messi, en Eibar / MIGUEL RUIZ-FCB

La firmeza del liderato del Barça ha quedado de manifiesto en su primera visita a Ipurua. En un partido exigente e incómodo, en un campo pequeño y con lluvia persistente, justo antes del City y del Clásico, el equipo se ha puesto el mono de trabajo para alcanzar un triunfo estratégico. Dos goles a balón parado de Messi, uno de penalti y otro de cabeza, han decidido a favor del conjunto catalán.

Las sanciones le obligaban a una defensa desconocida formada por Montoya, Piqué, Bartra y Adriano, mientras que la lesión de Busquets hacía ver un centro del campo innovador, con Sergi Roberto de mediocentro. De hecho, Luis Enrique cambiaba a hasta siete titulares respecto a la jornada anterior ante el Rayo.

Ha salido con mucha intensidad el Barça. Bien en la presión tras pérdida de balón, no tardó nada en cerrar en su terreno a un Eibar agresivo. Los vascos acumulaban hombres en la retaguardia y taponaban los pasillos interiores. Pese al dominio absoluto, le costaba mucho crear oportunidades al Barça. Y eso que Messi -que ha dejado un jugadón prodigioso en el minuto 23- estaba muy activo e inspirado. Él mismo provocó el penalti por manos y lo transformó con seguridad a la media hora.

Como si no hubiera pasado nada, los dos equipos han mantenido su táctica. Les estaba saliendo bastante bien, a pesar de la falta de profundidad y ocasiones. Eso sí, justo antes del descanso, Suárez ha tenido una de buena fruto de una fina combinación colectiva. En la reanudación, el ritmo decayó un poco. Parecía el Barça esperar el avance de las filas vascas. Pero entre su timidez y el poder de los centrales Piqué y Bartra, estas prácticamente no tenían opciones.

De todos modos, ha hecho bien al Barça de distanciarse con el segundo gol. Nuevamente de Messi, ahora de córner. En una acción de estrategia, Messi se quedó solo en el punto de penalti y conectó un cabezazo sorprendente y letal que entró como un obús. A continuación, Xavi entraría para sumar 750 partidos con el Barça y aportar la pausa que requería la situación. Así, el coraje y la lucha hasta el último segundo del Eibar (con remate al larguero incluido) en ningún momento pondrían en peligro el triunfo del líder.

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