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Celebración de Luis Suárez, con Neymar, en el Parque de los Príncipes / MIGUEL RUIZ-FCB.

El Barça ha dado un auténtico golpe de autoridad en la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones en el Parque del Príncipes. 1-3 se ha impuesto en un estadio que hacía 9 años y 33 partidos que no veía perder a su equipo. Resultado aparte, los visitantes han controlado la situación y se han mostrado demoledores cuando se lo proponían en las dos áreas. Los goles de Neymar y Luis Suárez, con un doblete prestigioso, sentenciaron a un contrario sacudido por las bajas y superado.

La exuberancia del Barça en París se ha hizo notar desde el principio. Ha aparecido dominador y atacante ante un PSG replegado, de entrada con pocas opciones de enseñar su peligro a la contra. Parecían unos primeros minutos de tanteo, cuando, en el minuto 13, Leo Messi ha hizo temblar la portería de Sirigu con un endiablado disparo de rosca repelido por el palo. El aviso terminaría de poner el miedo en el cuerpo de los locales y el Barça, imponente, se adelantaría poco después.

En el 19, Busquets recuperaba en la medular y arrancaba una transición vertiginosa conducida por Messi y culminada por Neymar con un pase a la red. La mala noticia no vendría sola para el PSG. A continuación, Thiago Silva se lesionaba y tenía que dejar su puesto a David Luiz. Por instantes, los franceses quedaron tocados. Y les costó reponerse del doble bache. El Barça combinaba con confianza, inteligencia y fluidez.

El rival se ha endurecido, por desgracia de Mascherano e Iniesta, que se han llevado dos choques durísimos. Sus problemas físicos, así como los de Thiago Silva y Sirigu, han interrumpido el partido y su ritmo. Así, el dominio culé ha sido menos continuo y el PSG comenzaba a crecer en las postrimerías del primer tiempo. Esta sensación se ha acentuado en la reanudación. Una fase en la que Iniesta ha tenido que retirarse KO por un golpe en la espalda.

Más allá de esto y de otras entradas estridentes de los locales, pasaba poco en las áreas. Hasta la aparición descomunal de Luis Suárez. En el 67, el uruguayo hacía un túnel a David Luiz, se colaba entre dos defensores y batía a Sirigu por el palo corto. Para enmarcar. Como la parada posterior de Ter Stegen al trallazo de Cavani en un córner. Ha sido un estallido futbolístico. Generoso y acertado en la presión, se gustaba el Barça, en plena lección de Xavi. Había muchos espacios delante y, claro, Messi hacía de las suyas.

Era un calvario para los franceses. Con 0-2 y tocaba y tocaba el Barça. Hasta el momento oportuno que el balón llegaba a Luis Suárez y se inventaba una maravilla como la que terminó con el 0-3. Otra caño y definición a la escuadra. En medio de la avalancha culé, el PSG se encontró un gol en propia puerta de Mathieu tras un disparo de Van der Wiel. Sería un final convulso, con iniciativa barcelonista, pero con una intervención providencial de Adriano ante Lavezzi para preservar un 1-3 excelente e histórico.

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