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Messi, tras marcar el 3-2 contra el Villarreal. FOTO: VÍCTOR SALGADO-FCB.

No ha defraudado nada las expectativas el partido entre Barça y Villarreal, que llegaban a la 21ª jornada de Liga en dinámica triunfal. En un ambiente gélido en el Camp Nou, los azulgrana mantendrían las buenas sensaciones, aunque se han topado con un rival con las ideas muy claras, ordenado y letal a la contra. Dos veces se adelantarían los visitantes. A base de carácter y efectividad, el Barça lo ha superado para asegurar los tres puntos.

Marcando territorio ha salido el Barça. Intenso en la presión, conseguía generar oportunidades con relativa facilidad. En todas estaba el siempre incisivo Luis Suárez. En veinte minutos ya había tenido tres de las que le gustan, especialmente un disparo desde la frontal salvado por el portero Asenjo con una gran intervención (min 12). Se reconocía el Barça de los últimos partidos. De hecho, el once era la habitual últimamente, con la entrada de Rafinha de interior junto a Iniesta.

Se defendía bien el Villarreal y enseñaba uno de sus puntos fuertes, el contragolpe, a la mínima. Así ha nacido el 0-1. Era una acción que parecía haber neutralizado los locales, pero un disparo muy defectuoso de Mario Gaspar lo desviaba al fondo de la red Cheryshev (min 30). Era el primer disparo de los amarillos. Una fatalidad que ha dejado tocado al Barça, que ha perdido fluidez. El empate a uno, en la última jugada del primer tiempo, ha sido un bálsamo. Lo firmaba un oportunista Neymar tras una jugada entre Messi y Rafinha.

En la reanudación cayó una nueva jarra de agua fría. Piqué ha perdido el balón en el centro del campo y lo ha aprovechado Giovani, quien con velocidad y técnica habilitó a Vietto para que firmara el 1-2. La reacción culé ha sido inmediata. Primero con la rúbrica de Rafinha, matador. El Camp Nou se calentó. Y más cuando, a continuación, Messi marcaba un gol de bandera. Con la derecha, desde la frontal, a la escuadra. Cinco minutos de éxtasis futbolístico.

La tensión también creció cuando al Villarreal le anularon un gol por fuera de juego indiscutible de Víctor Ruiz y, en el contragolpe siguiente, Asenjo ha cometido penalti a Neymar en boca de gol. Parecía pitarlo el árbitro, aunque finalmente se ha desdicho en medio de las iras generales. Así estaba ahora el partido. De lado a lado. Completamente abierto por la ambición del Villarreal. Se replegaba y desplegaba con fuerza.

El equipo daría un paso atrás en los instantes finales. Luis Enrique ha sustituido a Suárez -decisivo en la remontada pero sin suerte de cara puerta- por Pedro y ha centrado la posición de Messi. Con inteligencia, el Barça apostó por el control y la lucha. Y la historia terminaría aquí.

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