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El primer gol de Neymar en el Allianz Arena / MIGUEL RUIZ-FCB

El Barça ya está en la final de la Liga de Campeones de Berlín. Tras el City y el PSG, el conjunto que dirige Luis Enrique Martínez se deshizo con autoridad de nada menos que el Bayern de Múnich en las semifinales. El 3-0 de la ida era una almohada muy confortable para los azulgranas. Pero estos tuvieron que rehacerse de un 1-0 tempranero. En la noche de Marc André Ter Stegen, se vio a un Barça total en el primer tiempo, dominador de varios registros, como el de contraatacar con una rotundidad descomunal.

Como era de prever, ha salido con fuerza el Bayern de Pep Guardiola. De inicio controlaba y empujaba hacia Ter Stegen. Sin embargo, Rakitic tendría una oportunidad clarísima en el minuto 4 en una acción vertical salvada por Neuer. A continuación, se adelantaban los locales por medio de Benatia, que remató un córner con facilidad (min 7). Retumbaba el Allianz Arena, se lo empezaba a creer el Bayern. El despertar fue rápido y brusco. En el 14, Messi ponía un balón interior a Luis Suárez y éste le cedía el gol a Neymar.

Si en la previa ninguno de los dos entrenadores querían un partido abierto, lo han tenido que pasar mal tras el 1-1. El balón volaba de área a área y Neuer y, sobre todo, Ter Stegen realizarían actuaciones felinas. El Barça saldría vencedor de este intercambio de golpes con el segundo gol de Neymar, nuevamente asistido por un generoso Suárez (min 29). 1-5 rezaba el global de la eliminatoria. Sobre el césped, sin embargo, los dos equipos se lidiaban como si todo estuviera por decidir. Una mano milagrosa de Ter Stegen, fusilado por Lewandowski, preservó el 1-2 en el descanso. De los paradas que se recordarán con el tiempo.

Luis Enrique reservaría a Suárez en la segunda mitad. En la reanudación el balón era del Barça, que asumía los mínimos riesgos. Ya intuían, de lejos, la Puerta de Brandeburgo los culés. El ritmo y las ocasiones habían disminuido ostensiblemente. La primera, a la hora de partido, la clavó Lewandowski desde la frontal tras un gesto técnico brillante. El tanto no hizo tambalear al Barça, menos ofensivo en el segundo tiempo, más administrador.

Se jugaba en terreno culé, pero al Barça no se le veía excesivamente disgustado por esta situación. Se defendía con seguridad, concediendo pocas opciones al Bayern. Eso sí, en el minuto 73, Müller anotaba el 3-2 definitivo con un tiro colocado desde fuera del área. Tenían que marcar tres en un cuarto los alemanes. Escaso tiempo para tanta proeza. La desazón local de las postrimerías contrastó con la tranquilidad de los visitantes, conscientes de que serían en Berlín. ¡En la final de la Liga de Campeones por octava vez en su historia!

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