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Moment en què Koeman avança el FC Barcelona / FOTO: UC SAMPDORIA

El imaginario colectivo del barcelonismo evoca siempre los mismos recuerdos: el gol de Koeman, Cruyff saltando la valla de publicidad, Alexanko levantando la Copa. Sin embargo, nunca se ha repasado aquel histórico partido desde el punto de vista italiano. Y es que la noche del 20 de mayo de 1992, de fiestas memorables en Barcelona, tuvo un sabor muy amargo en Génova. Allí, el recuerdo de Wembley es infinitamente diferente al que existe en Catalunya. Está ligado al principio del fin de la mejor Sampdoria, que rozó la gloria y, tras ser rechazado por ella, descendió lentamente a los infiernos. Ahora milita en la Serie B italiana.

Berna, Vialli y la presión

En tierras italianas nadie discute el enorme mérito del FC Barcelona de Johan Cruyff. Sin embargo, tienen otras razones propias para explicar por qué aquella emocionante final se decantó hacia un lado y no hacia el otro. "La Sampdoria llegó a aquella final de la peor manera: no estaba habituada a la presión de un partido así, el rumor de la venta de Vialli centraba toda la atención y la final de tres años atrás en Berna seguía muy presente", explica Claudio Mangini, periodista del diario genovés Il Secolo XIX.

En Suiza, el Barça había tumbado 2-0 a la Sampdoria en la final de la Recopa, conquistada finalmente por el conjunto italiano un año después, ante el Anderlecht. "En el ambiente reinaba la distracción", apunta Alberto Polverosi, del 'Corriere dello Sport'.

No les falta razón: la Sampdoria aterrizó en Londres con cuatro horas y media de retraso sobre el horario previsto, y apenas 26 antes del pitido inicial. "En aquella final se enfrentaban dos equipos que no habían ganado nunca la Copa de Europa. Pero uno de estos era grande, y el otro pequeño, y eso se notó", añade Stefano Zaino, periodista de 'La Repubblica ', y que, como sus compañeros, siguió el partido en directo.

Contraataque sin acierto

A pesar de la incertidumbre de una final europea, el partido transcurrió según lo previsto. "Boskov nos exigió concentración defensiva. Después, Vialli y Mancini debían sorprender al contraataque a Nadal y Koeman, defensas fuertes y un poco lentos", señala Gianluca Pagliuca en declaraciones a fcbarcelona.cat. La idea salió medio bien. Evitaron el asedio azulgrana, pero desaprovecharon las oportunidades de las que gozaron. "El juego de Boskov, como el de Trapattoni (entonces en la Juventus), era la respuesta al fútbol de Sacchi (entonces seleccionador italiano). Se basaba en la defensa y el contraataque, y se puede decir que prácticamente jugaba a un deporte diferente al del FC Barcelona", resume Polverosi.

El adiós de Vialli, Pari y Boskov

Lombardo fue uno de los jugadores destacados de aquella final y el mejor valorado por todos los medios italianos. "Individualmente quedé muy contento. Quizás fue uno de mis mejores días, sobre todo por el escenario y las circunstancias. Lo di todo", reconoce. ¿Y colectivamente?" Éramos un club pequeño que hizo un partido óptimo. Esto te hace sentir muy, muy orgulloso, aunque perdiéramos", afirma.

Gianluca Vialli también rozó el gol hasta en tres ocasiones, dos muy claras en la segunda parte. Sigue sin haber acuerdo en torno a su figura. "Seguramente no fue el mejor partido de Vialli", lamenta Pagliuca, mientras que Lombardo cree que rindió "a un gran nivel". Sin embargo, es Fausto Pari, centrocampista encargado de Laudrup, quien acierta: "Vialli lo tenía hecho con el Juventus. El presidente Paolo Mantovani quería vender, y jugó la final con demasiada presión. Quería despedirse con gol y victoria, y falló más de la cuenta". La previa de la final estuvo marcada por los rumores de traspaso de Vialli, que finalmente jugó en Wembley su último partido con la Samp.

También Pari, que no tiene ningún problema en reconocer que el 20 de mayo ya sabía que se iría: "Firmé por el Nápoles cuatro días antes de jugar esa final. Vialli acabó firmando dos días después de perder". También su técnico, Vujadin Boskov, dejó el equipo a final de temporada, y fue sustituido por Sven Goran Eriksson. Según Mangini, no queda consuelo para los casi 30.000 'tifosi' que viajaron hasta Londres: "Era el ídolo de la afición, pero Vialli se habría ido igualmente con una victoria". Génova se le quedaba pequeña. El ahora técnico del Manchester City, Roberto Mancini, decepcionó en la final. "Jugó con molestias, por debajo de su nivel", coinciden los consultados.

"No fue falta"

En el minuto 111 es cuando llegó la jugada decisiva: falta de Invernizzi sobre Eusebio cerca de la frontal. Prensa y jugadores italianos están de acuerdo: "No fue falta". "Fue una decisión demasiado dudosa, y muy severa para nosotros, sobre todo por el momento del partido en el que nos encontrábamos", asegura Pagliuca. Pari le resta importancia: "Aunque no hubiera pitado, habríamos perdido. Así lo quería el destino". El portero ordenó una barrera con seis hombres, y hasta tres -dos de la barrera- salieron disparados hacia Koeman cuando el árbitro mandó lanzar. El balón se coló entre ellos. "En Italia se sigue debatiendo sobre si fue error de Pagliuca o no, porque el balón entró por su palo", detalla Zaini. El portero se exculpa: "Si la barrera no se llega a abrir, la paro, pero hasta el último segundo no vi el balón". Preguntado por una hipotética tanda de penaltis, se muestra convencido. "Sabíamos como tiraban los penaltis. Habíamos estudiado a Koeman, Stoichkov, Laudrup... Aquí me habría sentido muy seguro", confiesa ahora.

El campeón, sin embargo, ya había sido decidido por Koeman. Pari no quiso ni quedarse con su medalla de subcampeón y la lanzó al público. "Días después, el aficionado que la cogió me pidió cambiarla por una camiseta, así que ahora tengo la medalla. Pero me da igual. No estoy contento con ella", sentencia. Algunos, como Lombardo, siguen atormentados 20 años después: "Fue muy doloroso perder así. La Sampdoria seguramente nunca volverá a tener una oportunidad igual. Es por eso que aún doy muchas vueltas a la ocasión que fallé".

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