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Alegria per un gol contra el Milan. FOTO: MIGUEL RUIZ-FCB.

La vuelta de los cuartos de la Champions 2011/12 quedará grabada como una más de las noches mágicas europeas del barcelonismo. En un duelo muy rico tácticamente y de intensidad máxima, el conjunto azulgrana ha eliminado con buen fútbol, ambición y superioridad al Milan y se clasificó para las semifinales. Por quinta vez seguida. Un récord perpetrado con tres goles que pudieron ser unos cuantos más de haber sido más contundentes de cara a puerta los de Pep Guardiola, un equipo de ensueño.

Gol pronto, objetivo cumplido

Las cartas estaban levantadas desde el partido del Giuseppe Meazza. Era previsible que el Milan no renunciaría al planteamiento conservador que en la ida le valió el 0-0, mientras que el Barça saldría al ataque. Como siempre, o más. Porque hasta ahora era un hecho inaudito que Guardiola diseñara una defensa de tres en una eliminatoria de Champions. Así ha sido contra los italianos, con Alves y Cuenca (la sorpresa) de extremos.

El equipo, alentado por un Camp Nou espectacular, arrancó a toda máquina. Messi tuvo dos en los seis primeros minutos y a la tercera le cazaron dentro del área. Él mismo transformaría el penalti. En el minuto 10, el trabajo estaba bien encarrilado.

Empate milanista y reacción inmediata

El 1-0 aportaba tranquilidad al Barça. Jugaba concentrado y se replegaba bien en bloque, con un Busquets gigante. El Milan, por su parte, estaba prácticamente dividido en dos: los delanteros (Robinho, Boateng e Ibrahimovic) y los defensores (el resto). En el minuto 32, Ibra ha encontrado espacios y ha cedido a la entrada de Nocerino, que ha batido a Valdés con un tiro cruzado. Una auténtica jarra de agua fría en la primera llegada milanista. Efectividad máxima de los hombres de Allegri, que a continuación han retrasado filas.

El Barça seguía a lo suyo y ha recibido un segundo penalti a favor por un agarrón a Busquets. Una acción muy protestada por los visitantes. Messi volvería a superar Abbiati desde los 11 metros, por tercera vez en la presente edición de la Champions. Con todo, la partida de ajedrez de los banquillos seguía: ahora era Guardiola quien modificaba el dibujo, optando por el 4-3-3. No había tregua.

Iniesta implanta la calma y la alegría

El vigente campeón ha aparecido dominador en la reanudación y el Milan, amenazador al contragolpe. Sin embargo, ha sido en una contra capitaneada por Messi cuando el balón ha caído a Iniesta y éste ha marcado con un toque de categoría. Los extremos despoblaban el eje de la defensa transalpina, por donde causaban estragos los catalanes.

La afición respiraba. Y animaba y cantaba, como en todo momento. Una muestra de su ejemplaridad ha sido la ovación que le ha dedicado a Seedorf al ser cambiado (min 60). El Barça empezaba a disfrutar al mismo tiempo que los transalpinos, orgullosos y duros, hacían un paso adelante casi a la desesperada (con Pato visto y no visto). Sus aproximaciones eran siempre incómodas.

En los últimos minutos, Thiago, que había sustituido a Xavi, ha estado cerca de sentenciar con una clara ocasión que se ha perdido demasiado cruzada (min 68). Poco más tarde, Piqué se ha retirado lesionado, aunque todo quedaría en una sobrecarga. No quiso más sustos el equipo. Durmió el partido con posesión y oficio. Suyas han sido las últimas oportunidades -21 disparos a 3- antes del final, muy celebrado por el merecidísimo semifinalista. La hegemonía culé no tiene fin y ahora tocará luchar en las semifinales con Benfica o Chelsea.

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