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Lampard consuela a Messi al final del partido / FOTO: MIGUEL RUIZ-FCB

A veces el balón no quiere entrar. Tras una trayectoria inmaculada, la suerte dio la espalda al FC Barcelona en la ronda de semifinales, contra el Chelsea, e impidió al equipo afrontar su segunda final de Champions consecutiva, un año después de la recordada cita de Wembley en 2011.

Primeros de grupo

El FC Barcelona había comenzado muy bien su camino por Europa. Como último campeón, el equipo había encuadrado con el AC Milan, el Viktoria Pilsen y el BATE Borisov, en un grupo en el que sumó 16 de los 18 puntos posibles, y en el que aseguró la primera plaza en la quinta jornada, con una prestigiosa victoria en San Siro (2-3).

En los octavos, el bombo quiso que el equipo viajara a Alemania. Allí, se impuso al Bayer Leverkusen con dos tantos de Alexis Sánchez (1-3), para acabar de sentenciar la eliminatoria en el Camp Nou con una goleada histórica (7-1), sobre todo para Leo Messi, autor de cinco goles.

En los cuartos de final, el FC Barcelona volvió a cruzarse con el AC Milan. Un 0-0 en Italia dejaba todo abierto de cara a la vuelta, donde el conjunto de Josep Guardiola logró la clasificación gracias a dos goles de Messi y uno de Iniesta (3-1).

Peor fueron las cosas en semifinales. El Chelsea, que había superado con muchísimos problemas al Nápoles y al Benfica, logró vencer en la ida por 1-0, con gol de Drogba, en un encuentro en el que el FC Barcelona estrelló dos balones al palo. La historia se repitió una semana más tarde en el Camp Nou, con dos remates más a la madera de Leo Messi, una de ellas de penalti (2-2).

La suerte se había aliado con el conjunto inglés, que acabaría coronándose como campeón europeo por primera vez en su historia en Múnich, contra el Bayern, en la tanda de penaltis.