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Marta Unzué, Laura Ràfols y Melanie Serrano, en un entrenamiento reciente / VÍCTOR SALGADO-FCB

Cuando Melanie Serrano fichó por el primer equipo del Barça, en 2003, con sólo 14 años, la realidad del fútbol femenino azulgrana era más bien precaria. El Club aportaba principalmente la ropa y las instalaciones. Entrenaba en los campos anexos del Miniestadi, entre un puñado de jóvenes y en horarios intempestivos. Esta andaluza con izquierda de seda se desplazaba desde Blanes en tren y metro para entrenarse, y se perdía habitualmente las partes finales de las sesiones para poder volver a hacer el viaje de vuelta a casa. Así, cuatro años.

Unos tiempos en que el Barça estaba condenado a lidiar para eludir el descenso, con jugadoras muy veteranas y, en ocasiones, con golpes de efecto fallidos como la contratación de la mexicana Maribel Domínguez, Marigol. La portera Laura Ràfols y la navarra Marta Unzué llegan al Club en esta época, procedentes del Atlético Vilafranca y de Osasuna, respectivamente. “Sabía que el Barça era de los que luchaban por no bajar y que no era un club de los potentes de la Liga. Pero yo siempre había sido del Barça, venía con mi hermana a estudiar y la ilusión era estar aquí”, explica la polivalente centrocampista, actual capitana.

La predicción de Xavi Llorens

La entrenadora Natalia Astrain, gran valedora de las tres futbolistas, fue relevada en 2006 por Xavi Llorens. “Y el primer año, descenso”, explica Unzué. Añade: “Más tarde me enteré que el míster había dicho a mi padre que la primera temporada bajaríamos, que la siguiente volveríamos a subir y que al cabo de unas cuantas más ganaríamos el primer título. Lo clavó”. La carismática Ràfols también lo escuchó: “Nosotras no decíamos nada a Xavi, pero pensábamos: ¿cómo puede ser?”. Al perder la categoría, Melanie Serrano, Laura Ràfols y Marta Unzué son prácticamente las únicas supervivientes de un equipo en desintegración, que entonces trabajaba en los terrenos municipales de L’Hospitalet Nord.

Mel tenía dudas. “Había ofertas, quería crecer y ganar cosas. Pregunté a Xavi por los planes de futuro. Me expuso su propuesta y que el Club apostaría por nosotras. Confié en él y me quedé aquí”. Visto en perspectiva, lo tiene claro: “Xavi Llorens es el referente, el punto de inflexión”. Bajo la batuta de este entrenador profético llegarían los éxitos: las últimas cuatro Ligas y tres Copas.

Los mejores años

”Así que ascendimos de nuevo, cada temporada estuvimos progresivamente un poco mejor en la clasificación. Quedábamos entre las ocho primeras. Hasta que se fichó a gente con experiencia y llegamos a la final de la Copa de 2011. Ganamos al Espanyol y fue el primer título. De ahí en adelante la mentalidad cambió. Éramos muy buenas, pero nos faltaba creernos que podíamos vencer”. Para Ràfols es el momento más especial: “El sentimiento de aquella primera Copa, después de siete años aquí, siendo teóricamente inferiores al Español, no lo he tenido con ningún otro. Y eso que la primera Liga fue una pasada”. “También me quedo con la consecución de la segunda Liga, en San Mamés, ante 30.000 espectadores”, apunta Melanie.

El equipo ya se había trasladado a Sant Joan Despí y el Club le empezaba a guiñar el ojo. Desde entonces, el Femenino barcelonista no ha parado de crecer, se ha convertido en el rival a batir en el Estado y se ha ganado un nombre en el panorama europeo. El verano pasado dio el salto a la profesionalización. La Ciudad Deportiva es la sede donde las jugadoras desayunan, se entrenan, comen y disponen de los servicios necesarios para alcanzar el máximo rendimiento deportivo. Desde este punto de partida se proyectan nuevos horizontes. Cada vez con mayor dificultad y presión. Y con la máxima responsabilidad y autoexigencia. “Si seguimos esta dinámica, llegará la Champions”, piensan Melanie y Marta. Laura va más allá: “El límite lo pondremos nosotras y, de momento, no lo tenemos. Hemos perdido tanto que no nos cansamos de ganar”.

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