60 años del derribo del Estadio de Les Corts
El 4 de febrero de 1966 fue un día muy triste para los barcelonistas. Aquel viernes de invierno se inició la demolición del viejo y entrañable Estadio de Les Corts, cerrando casi 44 años de historia azulgrana de un campo que se había inaugurado el 20 de mayo de 1922, en los legendarios tiempos de Ricardo Zamora, Paulino Alcántara y Josep Samitier.
Era la crónica de una muerte anunciada. Desde el 24 de septiembre de 1957, día de la inauguración del Camp Nou, Les Corts había pasado a ser el segundo estadio del Barça, destinado por el Club a ser el escenario de diversos partidos amistosos internacionales del primer equipo, así como también sede de encuentros de los equipos filiales y de algunas actividades de las secciones. Ocasionalmente, Les Corts también se utilizaba como campo de entrenamiento. Así pues, durante ocho años, desde 1957 hasta 1965, el Barça dispuso de dos estadios, siendo Les Corts un recurso siempre disponible pero infrautilizado por lo que representaba y, sobre todo, por su gran capacidad, que era de 48.000 espectadores. Las cifras indican que desde el 4 de junio de 1958 hasta el 8 de noviembre de 1961 el primer equipo del Barça disputó 21 partidos amistosos en el viejo campo de Les Corts, la mayoría de ellos contra equipos extranjeros y en horario nocturno.
Por su parte, los equipos inferiores del FC Barcelona jugaron partidos en el campo de Les Corts hasta pocos meses antes de su derribo. El último se disputó en una fecha tan avanzada como el 10 de julio de 1965. Fue la final del Campeonato de Fútbol Infantil O.A.R., jugada entre el Infantil A del Barça y el Infantil del UB Catalonia. Las prácticamente vacías gradas de Les Corts —en otros tiempos gloriosos, llenas hasta rebosar— fueron testigo de la victoria de los infantiles barcelonistas por 3-1. Al finalizar el partido, tras la celebración de los campeones, Les Corts cerraba para siempre.
Un destino inevitable
Una vez abandonado el antiguo estadio de manera definitiva, se fueron produciendo constantes quejas vecinales pidiendo la demolición de la vieja Catedral del fútbol por la peligrosa presencia de suciedad y ratas. El destino final del estadio de Les Corts era, pues, necesario e inevitable. Así fue como, a la una del mediodía del 4 de febrero de 1966, el presidente azulgrana Enric Llaudet enarboló simbólicamente el pico que iniciaba el derribo de Les Corts ante una numerosa congregación formada por unos 500 socios dispuestos a dar el adiós, ahora sí definitivo, a la llamada Catedral del fútbol. Fue una ceremonia austera y sencilla, pero tremendamente emotiva.
Tras unas sentidas palabras del presidente Llaudet, la bandera azulgrana que ondeaba en el centro del terreno de juego fue arriada por August Santamans, socio número 4 del Club, acompañado por Salvador Martínez Surroca, antiguo jugador del Barça que había participado en la inauguración de Les Corts en aquel lejano 20 de mayo de 1922. Llegados a este punto, ya sin dar más opción al sentimentalismo, Llaudet inició de manera simbólica el derribo del campo de Les Corts utilizando un martillo neumático en el punto exacto donde el 8 de febrero de 1922 se había colocado la primera piedra, en la tercera fila del Gol de Abajo.
Terminada la ceremonia, entró en el terreno de juego de Les Corts la maquinaria de la empresa de demolición, dispuesta a llevar a cabo su implacable trabajo, comenzando por las mencionadas gradas del Gol de Abajo y rompiendo los primeros asientos. Entonces se produjo una escena singular: en lugar de abandonar el recinto, muchos de los asistentes se acercaron a aquellos primeros escombros para llevarse alguna reliquia como recuerdo. Unos se llevaban un puñado de tierra, otros una piedra, e incluso un socio llegó a recoger un enorme trozo de asiento de la grada. “Era donde yo me sentaba siempre, y me lo llevo para dejarlo en el jardín de mi casa, como recuerdo”, manifestó visiblemente emocionado.
Segunda parte
Esta historia tuvo una segunda parte. Consumada la demolición en unos días, ya con el antiguo Les Corts convertido en un solar y en un recuerdo, se abrió un período de transición por parte de la junta directiva azulgrana, a la espera de vender de una vez por todas los terrenos del viejo campo, un objetivo que Enric Llaudet había tenido entre ceja y ceja desde su llegada a la presidencia del FC Barcelona en junio de 1961.
Por fin, el 18 de mayo de aquel 1966 llegó la tan esperada noticia: el Club había alcanzado un acuerdo con la empresa inmobiliaria Habitat para la venta del solar de Les Corts por valor de 226 millones de pesetas. Agua de mayo para las arcas azulgranas tras la enorme deuda generada por la construcción del Camp Nou en los años 1954-1957. Y es que el coste del estadio había pasado de los 66.620.000 pesetas presupuestadas inicialmente a la desorbitada cifra final de 288 millones, lo que estuvo a punto de llevar al Club a la quiebra económica. Así pues, el campo de Les Corts del FC Barcelona ya era definitivamente historia. El importe de su venta fue destinado íntegramente a la amortización de la deuda del Club: créditos bancarios, obligaciones hipotecarias y bonos de caja. Como explicó la Revista Barça el 25 de mayo de 1966, “aquellos solares han prestado su último y gran servicio al club, liberándolo de los agobios económicos que venía sufriendo desde la construcción del nuevo estadio”.
El epílogo de la historia de la venta de los terrenos de Les Corts no fue especialmente agradable para los vecinos de la zona. El grupo Habitat tardó cuatro años en construir, lo que convirtió el solar en un depósito de basura que llamó la atención de La Vanguardia, que en el editorial del 21 de agosto de 1969 se preguntaba amargamente: “¿Es que la ordenanza municipal que manda vallar los solares no edificados no puede aplicarse a este concreto solar de Les Corts?”. Inconvenientes de vivir bajo una dictadura que aplicaba la normativa legal a su antojo…
El emotivo discurso de Llaudet
El discurso que el presidente del FC Barcelona, Enric Llaudet, pronunció para iniciar el acto de derribo del Estadio de Les Corts, excepcionalmente en catalán en aquella época de dictadura, estuvo cargado de la emoción del momento:
“Estimados consocios. Este campo de Les Corts se inauguró el día 20 de mayo de 1922 y se derriba el día 4 de febrero de 1966.
Cuarenta y cuatro años de historia de nuestro club, cuarenta y cuatro años de historia de nuestra ciudad. Cuántas alegrías, cuántas victorias, pero también cuántas tristezas, cuántas luchas y cuántas derrotas.
Hoy miro a la cara de los mayores y en sus ojos leo la añoranza y los recuerdos. A través de los ojos llorosos veo a Gamper, a Jover, a mi padre y a todos los que lucharon para hacer aquello que con gran acierto denominaron ‘la Catedral del fútbol’. Por todos estos recuerdos y estas personas, con honor y mayor gloria suya, os pido un minuto de silencio.
Ahora miro el rostro de la juventud y en sus ojos leo la esperanza, las ganas de lucha y la ilusión del mañana. El Club de Fútbol Barcelona sigue viviendo, con más fuerza y más vitalidad, y siguiendo el ejemplo que nos dieron sus pioneros. Nos sentimos orgullosos de llevar el nombre de nuestra ciudad, convencidos de nuestra fe y de nuestras obligaciones, y deseando más que nunca extender su nombre por todo el mundo, para que sea conocida, admirada y respetada, y junto con ella nuestra bandera azul y grana.
Todo se acaba en este mundo, menos la continuidad: ayer en el viejo Les Corts, hoy en el nuevo Estadio, nuestro club seguirá adelante. Aquí reunidos hoy rendimos en este acto el último adiós a este campo y lo sacrificamos para que rinda su último servicio a nuestra entidad. Si ayer este terreno era la Catedral del fútbol catalán, mañana puede ser la salvación y la continuidad floreciente de nuestro club. Y nuestro estadio seguirá siendo nuestra Catedral y, al mismo tiempo, el orgullo de nuestra ciudad.
¡Viva el Barça!”
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